Una puerta de garaje automática lleva por ley un sistema que impide que baje sobre una persona, un coche o una mascota. Cuando algo interfiere con ese sistema —o el motor cree que hay un obstáculo donde no lo hay— la reacción es siempre la misma: la puerta se niega a cerrar o se para y reabre. Por eso el 80 % de los «no cierra» no son una avería grave, sino un ajuste o una limpieza.
La clave para acertar es fijarse en cómo falla: no es lo mismo que se pare y vuelva a subir sola (seguridad), que se pare y se quede quieta a media altura (final de carrera o fuerza), que ni siquiera intente bajar (mando, receptor o cuadro).
Por qué pasa: las causas, por orden de frecuencia
Van de la más común a la menos. Fíjate en la señal de cada una para reconocer la tuya sin herramientas.
1. Las fotocélulas están sucias o desalineadas
Señal: La puerta empieza a bajar y, sin tocar nada, se para y vuelve a subir. A veces cierra de noche y no de día, o al revés.
Qué se hace: Es la causa nº 1. Las fotocélulas son los dos ojos que hay a ambos lados, a ras de suelo. Se limpian las lentes con un paño seco y se comprueba que están enfrentadas. Si una se ha movido con un golpe, hay que realinearla. Coste bajo; muchas veces se resuelve en la misma visita.
2. El final de carrera de cierre está desajustado
Señal: La puerta baja pero se para antes de llegar al suelo y se queda ahí, o al revés, empuja contra el suelo y rebota.
Qué se hace: El motor tiene topes electrónicos o mecánicos que le dicen dónde está el suelo. Si se descalibran (típico tras un corte de luz o un cambio de placa), el motor «cree» que ya ha cerrado. Lo reajusta un técnico en minutos; no es pieza, es puesta a punto.
3. Hay un obstáculo o suciedad en la guía
Señal: La puerta baja con tirones o se para siempre en el mismo punto del recorrido.
Qué se hace: Una piedrecita, hojas, un rodillo agarrotado o la guía sin engrasar generan una resistencia que el motor interpreta como «he chocado con algo» y reabre por seguridad. Se limpia la guía y se engrasan los rodillos.
4. La fuerza de cierre está mal ajustada
Señal: No hay obstáculo visible y las fotocélulas están limpias, pero la puerta reabre a mitad de recorrido, sobre todo en días fríos.
Qué se hace: El motor mide el esfuerzo que hace; si el umbral está demasiado bajo, cualquier roce normal lo lee como obstáculo. Se recalibra la fuerza. Ojo: subirla a lo bruto es peligroso (anula la seguridad), por eso lo hace un técnico y no se toca a lo loco.
5. El muelle ha perdido tensión
Señal: Al desbloquear el motor y bajar la puerta a mano, se cae sola o pesa muchísimo en el tramo final.
Qué se hace: Si el muelle no compensa el peso, la puerta no baja controlada y el motor no puede acompañarla bien. Es la causa menos frecuente de «no cierra» pero la más seria. La sustitución del muelle es trabajo de riesgo (energía acumulada): siempre técnico.
Cómo saber cuál es, sin gastar un euro
Antes de llamar a nadie, esto lo puedes mirar tú y te ahorra pagar un diagnóstico:
- Mira si al bajar se para y REABRE (apunta a seguridad: fotocélulas o fuerza) o se para y SE QUEDA quieta (apunta a final de carrera u obstáculo).
- Limpia con un paño las lentes de las dos fotocélulas de abajo y comprueba que se miran de frente.
- Revisa la guía de arriba abajo por si hay una piedra, hojas o un rodillo salido.
- Desconecta el motor (maneta roja) y baja la puerta a mano: si pesa como una losa o se cae, sospecha del muelle.
Cuánto cuesta arreglarlo
El coste depende de qué se haya roto de verdad, no del síntoma. Las horquillas reales, contrastadas con presupuestos publicados, están en la guía de cuánto cuesta una puerta de garaje. Si nos cuentas la avería con una foto, te decimos el rango orientativo antes de que nadie se desplace.